Soy idolatra ¿y qué?

Hola, he leído todos los textos bíblicos que comentas cada vez que subo una imagen del Cristo en el que creo, o del santito que venero. Me he tomado el tiempo de leerlos todos con detenimiento y meditar en cada uno de ellos.

Y ¿sabes qué? Tienes razón, soy un idólatra ¿y qué?

Estoy cansado de tratar de explicarte la diferencia entre veneración y adoración, incluso me tomé el tiempo de investigar los niveles de adoración que existen, para poder explicarte y que puedas entender lo que siento, lo que vivo, pero el problema no es ese.

El problema es que tú no quieres escucharme, el problema es que a ti no te interesa entender, a ti te interesa que yo te diga amén y ya. Pues bien, ganaste, sí soy un idolatra, adoro imágenes, voy a atrás de ellas y ya.

Aunque te lo explique de mil maneras, tú no vas comprender el sentido de mi devoción, no porque no tengas la capacidad de hacerlo, sino porque no quieres hacerlo. Así que ¿para que discutir con alguien que no está dispuesto a escuchar argumentos?

Hoy me declaro idolatra, pero no porque lo sea, sino para que entiendas en mi frase, que, aunque me digas mil veces que está mal, no voy a dejar mi devoción, porque mi interés no está en agradarte a ti, si no al Dios en que yo creo, que casualmente es el mismo en el que tú crees.

No quiero que sientas esto como una falta de respeto, es simplemente que ya me cansé de discutir y espero que al leer esto, te canses tú también de discutir. Deja de comentar mis publicaciones donde veas una imagen, con un montón de textos bíblicos, ya los leí y ya te entendí.

Entiende, tú esta vez, que Dios en su amor infinito, nos dio libertad, y en esa libertad he decidido publicar fotos de distintas imágenes de Cristo, de Vírgenes y de Santos. En esa libertad de decidir, he decidido ir a acompañar procesiones y disfrutar de ellas. ¿Te preocupa mi alma? Reza por ella, pero por favor, ya no generes más discordia, ya no causes discrepancias con tus comentarios.

Soy idolatra, respétalo, vive con ello, haz las cosas bien tú, así como las trato de hacer yo, déjame vivir mi fe a mi manera y listo. Respétame y quiéreme como a tu hermano, así como lo hago yo contigo. Todos tenemos derecho a creer en lo que creamos conveniente para nuestras vidas y tenemos el deber de respetar a los que no creen en lo mismo que yo.

Quieres educarme en la fe, mándame un mensaje, búscame y pregúntame si estoy interesado, no me impongas, aquello que tú crees que es lo correcto, porque la próxima vez que lo hagas, aunque sea descortés, sólo te diré: “soy idolatra”, ¿y qué?

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