Oficio del Descendimiento

Es Viernes Santo, son las 3 de la tarde y en el interior del Santuario de Nuestra Señora de la Soledad nos sumergimos en un viaje que significa 400 años de una tradición y estricta severidad, en la representación del Oficio de la Pasión del Señor, la adoración de la Cruz y el deceso de nuestro Señor.

Quedo expectante de la develación del Cristo Crucificado, joya del barroco creada por el artista español Don Pedro de Noguera, quien cumpliese en aquel entonces con la designación de hacer dicha escultura por encargo de la junta de Cabildos de la Cofradía.

Noto como todos formamos parte del marco ceremonial de luto, la tradición y este ritual de fe que encarna la pasión de nuestro Señor Jesús, en presencia de quienes son penitentes y mantillas o también llamadas manolas, fieles devotos y expectantes de los acontecimientos, dejamos de lado el bullicio agitado de una Lima contemporánea, marcada por la actualidad y la práctica de nuevas actividades que se desarrollan a las afuera de este Santuario.

La absoluta reverencia y respeto que presencio en cada una de las intenciones que se van dejando, las cuales son elevadas a la imagen del Cristo, en el paso de quienes nos encontramos en el momento. Logro acercarme a venerar y presentar mi dolor ante la imagen de nuestro Señor, que yace resguardado ante quien pareciera una invitada más, la imagen de la ilustre Virgen Nuestra Señora de la Soledad, imponente y expectante, quien también vive el dolor de la Crucifixión este Viernes Santo.

4:30 de la tarde, y el más impresionante marco de recogimiento y respeto me lleva a presenciar lo que será el momento más importante para la Cofradía en la solemnidad de este día, la cual se vive con el acompañamiento de cantos gregorianos y antífonas, en presencia de todos los fieles quienes vestimos de luto; el Oficio más relevante a llegado, el “Descendimiento o Desclavamiento de la Cruz del Cristo”.

Soy expectante del instante más emotivo, presenciando los gestos más conmovedores y respetuosos a la propia fe, totalmente adentrado en el realismo de estos parajes, presenciando la oportunidad en el que el Cristo es bajado de la cruz, y llevado al centro del Santuario, a un lado de la imagen de la Virgen, para ser embalsamado con una total reverencia, utilizando hierbas aromáticas y algodón, un momento muy especial realizado por los miembros de la Cofradía, a lo cual, como fondo el acompañamiento del marco musical de los canticos gregorianos en latín.

Una vez culminado este rito, los miembros de la Cofradía proceden a realizar la ascensión de la imagen del Señor a su anda en presencia de todos nosotros, quienes sólo podemos apreciar con sumo respeto tamaño acto de protocolo y veneración.

Es sorprendente ver como toda esta ceremonia pasa a convertirse en una espectacular procesión, que recorrerá la plaza histórica y principal de Lima, para recibir así los honores del Palacio de Gobierno, la Municipalidad y el Palacio Arzobispal respectivamente, que a pesar de todo el bullicio que se vive en las calles, aún sigo sucumbido en esta tradición.

Vivimos los recuerdos y el teatro de la Semana Santa, oportunos de aprovechar el encuentro con nuestra fe, de encontrarnos con nosotros mismos.

Escrito por: Fabrizio Stigler

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